"¡Qué chorrada!", estarás pensando y hasta hace poco hubiéramos coincidido plenamente, pero ciertos hechos acontecidos en los últimos días me hacen creer que, tal vez, caminemos ignorantes y despreocupados hacía (Voz PedroPiquerniana) LA HECATOMBE.
No podemos obviar que "señales" como el calentamiento global, las hambrunas en África o la vuelta de José Luis Moreno a la primera linea televisiva, dejan muy clara la postura de "un supuesto Dios" en dejar que nos den por donde amargan los pepinos (otro día ahondamos en esto de los pepinos, que parece interesante). Y ante esa actitud pasota de las deidades contemporáneas, sólo nos queda esperar que el ser humano siga empeñado en subsistir. ¿Cómo conseguir que el hombre no se plantee bajar los brazos y dejar que todo le supere? La respuesta es muy sencilla: Los diseños molones.
Los diseños molones son lo que mueve el mundo, el "yo quiero uno" nos mantiene vivos o al menos lo ha hecho hasta ahora.
Hace dos días, aquí viene lo triste, vi morir uno de los diseños molones que sostenían todo este tinglado, uno de los pilares del "yo quiero uno". El envase del Toblerone.
Por alguna misteriosa y satánica razón, un directivo empeñado en terminar con la raza humana, ha decidido suplantar una caja triangular, de cartón duro y soberbia belleza, por una mierda de celofán del color de la diarrea.
La espiral de pesimismo que se ha instalado en mí desde aquel desdichado descubrimiento, permite a las teorías del fin del mundo campar a sus anchas en mi subconsciente y dar credibilidad a cuantos apocalipsis estemos dispuestos a inventar.Hoy deberíamos tomar las calles, indignarnos, esta vez con motivos. Luchar por aquello que nos hacía creer que luchar merecía la pena. Intentarlo al menos antes que el paso del tiempo difumine la imagen majestuosa de ese triangulo de la vida relleno de deliciosas porciones de chocolate.
No se vosotros pero yo, así, no juego.
interesante entrada, te voy a recomendar en mi blog ;)
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